Madera

En la opinión de: pensamiento Pima, por Ismael Sandoval



Cuando yo tenía cuatro años le hice la siguiente pregunta a mi mamá: ¿Por qué yo tengo la piel tan morena? ella me respondió con voz muy dulce y con la tranquilidad que le caracteriza lo siguiente: eso es porque tu padre también es moreno además es descendiente de los Mexicas.

A mi corta edad no comprendí lo que ella me quiso decir, así que la cuestione de nuevo ¿Y eso que quiere decir? Entonces ella tomo un libro y me explico que los Mexicas fueron un pueblo de Mesoamérica los cuales fundaron Tenochtitlan y que en la historiografía tradicional son llamados Aztecas, y me reitero que ellos son de piel morena, recalcando, “es por eso que tú la tienes así”.

Tiempo después en un viaje que realizamos por la sierra de Chihuahua, más específicamente por el municipio de Madera, al caminar por sus calles nos encontramos con un niño que jugaba y me llamó mucho la atención el color de su piel ya que era como la mía, entonces le realice una pregunta a mi madre, ¿Mamá ellos también son Mexicas? a lo cual respondió mi madre; no hijo mío, ellos son Pimas, hijos del sol y de la luna. Un año más tarde cuando ya me encontraba cursando mi educación preescolar, al llegar a mi casa le comenté a mi madre que un niño del kínder me llamó indio, ella no se molestó y solo me tomo en sus brazos y con su dulce voz, me dijo lo siguiente ¡no importa que te llamen indio! -que podrá enseñar quien no conoce las cosas buenas-, tal vez no quieran verte digno de lucir tu raíz y tu divina esencia; tus ojos deben esperar y preguntar al sol ¿Qué se siente mirar desde la montaña más alta?

Los años pasaron, y yo fui creciendo, sin olvidar lo que mi madre me dijo como enseñanza de vida aquel día. Recuerdo que con frecuencia, sobre todo en la temporada vacacional que viajábamos a ese pueblito internado en la sierra que es Madera, en el cual aprendí y comprendí muchas cosas que en la escuela no te enseñan.

En una de mis visitas a la sierra de Madera, descubrí la diferencia y la injusticia histórica que contra el pueblo indígena Pima se daba con mucha frecuencia por parte de los mestizos; lo cual deteste y al mismo tiempo me llevó a admirar en el indígena, la fuerza y resistencia, con las cuales soportaba todas estas injusticias. Esta admiración resaltaba cada vez que viajábamos a Madera así que al descender del tren me sentía como en casa ya que ellos y yo teníamos mucho en común. Un buen día que yo me encontraba en la tranquilidad de mi casa le hice una pregunta al creador ¿Qué quieres de mí en la vida? ¿Cómo te puedo pagar por los dones que a mí me has dado? Y ante estos cuestionamientos mi pasión fue creciendo como iluminado por algo o por alguien desconocido, y así de la misma manera que amo a los héroes de Chihuahua por sus hazañas contadas a través de la historia, de esa misma manera comencé a amar a los indígenas de la sierra con un amor demasiado profundo tal como se ama a la vida.

Hoy que ya estoy grande recuerdo que durante años he visto caer a los indígenas de la sierra de Chihuahua despojados de sus derechos, humillados en la ciudad, sumidos en el vicio de la ignorancia que por décadas los ha llevado a la desesperación. Cuando visitó la sierra recuerdo con ternura a mi madre y todo lo que me enseño, al igual recuerdo a mis abuelos, pero sobre todo imagino a mi abuela de pequeña correr por entre los pinos con sus ojos verdes llenos de alegría y su rostro sonrojado por el viento frio que sopla por entre el bosque en la temporada de invierno, mi abuela fue una mujer muy buena con el pueblo indígena a pesar de haber sido blanca y nieta de un soldado francés, ella creció entre los maizales, cabras y el bosque.

Antes de morir me dijo con unas voz sólida que la caracterizaba pero a la vez fue tierna nunca te olvides de la sierra porque entonces se marchitara mi alma, yo no tuve el valor de contarle la pasión que yo tengo por la barranca, la montaña y los pino que adornan glamurosos la sierra de Madera, y que para siempre emprendí una lucha para algún día ver al pueblo indígena: digno, libre, capaz y emprendedor de un nuevo destino, que sepa que existe una perfección, el patrimonio y sobre todo que aprenda a curar las heridas del pasado- “Mi orgullo es ser parte del pueblo indígena y el que ofende a un indio me ofende a mí”.

por: Ismael A. Sandoval Quiñonez