Madera

Antes de su muerte Socorro Rivera dejó una carta


En una conferencia de la UPNECH impartida días atrás en Madera, por el escritor Jesús Vargas Valdez en alusión a la historia de Madera con respecto a la revolución, él hizo referencia a una carta que Socorro Rivera escribió dos días previos a su muerte en Peña Blanca, una pequeña parte del latifundio de la Babícora de la familia Hearst y que Rivera al lado de un grupo de campesinos invadió, pues ya estaba a punto de efectuarse la resolución presidencial para que se les repartiera la tierra, como era justo. Fue en ese lugar donde murió acribillado por balas de los militares y guardias blancas.

La carta expresa lo siguiente:

En este día 12 de abril salgo con dirección a la ciudad de Madera, no soy ni he sido nunca supersticioso, sin embargo tengo el presentimiento que en esta nueva embestida de los traidores a mi querido México, fertilizaré con mi sangre esta tierra bendita que tanto he defendido, la funesta hacienda de Babícora pretende inutilizar nuestros campos regándolos con semilla de zacate Johnson, pero yo con mi vida salvaré este girol de tierra Mexicana y que este simple ejemplo sirva de estímulo a las generaciones venideras.

Compañeros, ruego a ustedes para que así lo hagan saber a las autoridades agrarias que todo mi patrimonio que consiste en una parcela que por decisión presidencial me pertenece, la dejo como una última ayuda que este humilde campesino puede hacer para los parias. A lo buena viejecita, doña Iduvina García viuda de Díaz, pidiendo, como ultima molestia que les dejo, que sea respetado. Mis queridos compañeros, recomiendo como parte de principalísima importancia a las viudas y los huérfanos que no les falten alimentos, trabájenles sus parcelas, mucho recomiendo también, luchen hasta donde sea posible para construir una buena escuela donde tanto los adultos como los niños se eduquen y no sigan siendo como nosotros, víctimas de los malos mexicanos.

Mucho les recomiendo a nuestro querido y buen amigo el profesor Jesús María Caballero, quien siempre a la vanguardia y exponiendo su propia vida nos ha defendido y que siempre nos ha guiado por el mejor camino aconsejándonos prudencia y el respeto a la ley sin que lleguemos al servilismo, recuerden que los maestros son la más fiel expresión de la revolución mexicana y que son los únicos que con todo desinterés nos enseñan a amar a México y nos llevarán por un camino más recto y llegar a formar tal como lo decía nuestro general Cárdenas un pueblo fuerte y vigoroso.

Nunca sirvan a intereses extraños, jamás traicionen a su patria ni a sus compañeros de clase, defiendan palmo a palmo nuestro ejido y que la figura vigorosa de nuestro buen amigo y gran compañero general Cárdenas les sirva de aliento en este momento supremo de la lucha, que la muerte no los amedrente, pues a ésta solo le temen los cobardes y los traidores. Los buenos mexicanos mueren con la cara al sol y gritando con toda la fuerza de sus pulmones ¡viva México!

Si muero moriré con la muy grande satisfacción de no haber traicionado a mi patria ni a los de mi clase y con la muy grande satisfacción de que Babícora de Hearst tuvo dinero para comprar generales y gobernadores, pero todo su oro no fue suficiente para comprar este humilde campesino.

Camaradas, con el puño en alto, símbolo de la fuerza y demostrando al santo coraje de los oprimidos griten siempre ¡viva México! Viva mi general Cárdenas, muera el imperialismo extranjero y los asesinos del pueblo. Firma José Socorro Rivera

Azucena Primero